Detrás del cuidado de las piezas únicas que se encuentran en el espacio público existe un taller especial: el MOA (Monumentos y Obras de Arte), que este año cumplirá 70 años. El MOA es el taller responsable de la restauración, mantenimiento, limpieza y cuidado de más de 2.400 esculturas, monumentos y obras de arte emplazadas en las calles, parques, plazas y plazoletas porteñas.
Fue fundado en 1956 y se encuentra en la Plaza Sicilia, en pleno corazón del Parque Tres de Febrero. Su edificio forma parte del patrimonio histórico de la Ciudad. Hace casi 200 años, entre 1835 y 1854, estuvo habitado por el personal doméstico de la quinta de Juan Manuel de Rosas. Hoy en día, el equipo de restauradores del MOA trabaja cada día para preservar ese patrimonio escultórico.
En octubre del año pasado, el Gobierno porteño finalizó una gran obra de renovación y ampliación del MOA. El proyecto —a cargo del Ministerio de Espacio Público— incluyó, por un lado, la restauración de las naves históricas del taller, la readecuación de las áreas de trabajo y la incorporación de nuevas herramientas y equipamiento. Se instalaron amplias mesadas y estanterías que ordenan el espacio y facilitan las tareas diarias del equipo de restauradores.
El proyecto contempló también la transformación de los exteriores del taller, con un sector diseñado para exponer las esculturas en restauración, y la construcción de una gran pérgola metálica que crea un espacio sombreado, pensado para aprovechar mejor la zona al aire libre y acercar el trabajo del MOA a vecinos y visitantes.
Con ese mismo objetivo, la ampliación del taller incluyó además la creación de un nuevo pabellón al que puede acceder el público general, con un salón de usos múltiples donde se realizan charlas, actividades educativas, visitas guiadas y exposiciones para investigadores, artistas o vecinos.
Ahora, el taller del MOA cuenta por primera vez con un espacio integrado y acondicionado para su archivo patrimonial. Este archivo reúne desde biografías de autores y notas de prensa hasta planos, fotografías y fichas técnicas de cada obra, con un registro detallado de sus intervenciones a lo largo del tiempo. Este fondo documental, con más de 300 cajas y 2.500 carpetas, constituye una herramienta esencial para el trabajo de los restauradores, que en él encuentran muchas veces la información o las imágenes necesarias para poder reponer o reconstruir piezas históricas que fueron dañadas o que se han perdido.